miércoles, junio 19

Las figuras de ayer, mejores que las de hoy | Deportes

Hace unas semanas, durante el Masters 1000 de Canadá, mis hijos y yo estuvimos comentando durante la comida lo extraña que resultaba la eliminación prematura de muchos cabezas de serie, y el hecho más inédito aún de que esta venga siendo la tónica habitual de un tiempo a esta parte en todos los torneos que se disputan.

Fue mi hija la que abrió el debate. Nos mostró una foto de los emparejamientos de cuartos de final del mismo torneo en 2009, celebrado en aquella ocasión en Montreal (se juega en años simultáneos entre esta ciudad y Toronto). Federer de número uno contra Tsonga, el siete; Murray de tres contra Davydenko, el ocho; Roddick como cinco contra Djokovic como 4; y del Potro de número seis contra Rafael, el dos. Es decir, los ocho primeros disputando los últimos cuatro encuentros, confirmando lo lógico hace unos años: que a las rondas finales llegaban los mejores, los tenistas que lideraban la clasificación mundial.

Este hecho, como decía, ha pasado a mejor vida y cabría pensar que en los Grand Slams la situación sea algo diferente y que el hecho de jugar a cinco sets otorgue cierta ventaja a los líderes del ranking. Pero lo cierto es que en este US Open, la mitad de los 32 preclasificados como cabezas de serie han caído derrotados en las dos primeras rondas, y de los ocho primeros, tres no han logrado superar la segunda.

Esto me ha llevado, unas semanas después, a seguir debatiendo con mis hijos durante la comida y a llegar a una primera conclusión de que los tenistas de primera fila de hace unos años eran mejores que los de la actualidad. Yo pienso que, muy probablemente, sea así. Que antes los jugadores eran sensiblemente mejores y bastante más competitivos que los del momento presente.

Los hay que dicen que los tenistas de segunda fila de hoy día han aumentado su nivel respecto a los que lideran el ranking. Y la realidad es que, efectivamente, el panorama está ahora mucho más igualado que antaño. La velocidad a la que se juega hoy propicia que se cometan muchos errores, conduce a que se pierda el hilo con mucha más facilidad, que sea mucho más complicado encadenar distintos torneos jugando bien —sólo lo consiguen Novak Djokovic y Carlos Alcaraz— y que se den con demasiada frecuencia estas mencionadas bajas sorprendentes.

El tenis actual está mucho más centrado en pegarle muy fuerte a la pelota en detrimento de otorgarle control y esto, claro está, dificulta mucho que se puedan marcar diferencias, pero también que se vean partidos bonitos. La semana pasada, por poner un ejemplo tan demoledor como real, vi un partido en el torneo de Cincinnati en el que se habían cometido 135 errores no forzados en tres sets. A mí esto me parece una auténtica barbaridad.

Y ahora compartiré el ejercicio de comparación que, entre bocado y bocado, hemos hecho mis hijos y yo entre los mejores de la época actual y de la anterior que mencionaba al principio.

Hemos situado a Roger Federer y a Alcaraz como los dos líderes de antaño y de la actualidad. El resto del panorama que se nos ha revelado ha dado una ventaja bastante clara a favor de los de la década anterior. El Djokovic actual está bastante por debajo del de hace cinco o diez años. Sin duda, Rafael superaría a Daniil Medvedev. Andy Murray sería mejor que Alexander Zverev y Stanislas Wawrinka estaría por encima de Casper Ruud. Juan Martín del Potro rebasaría a Andrei Rublev y creo que es evidente que lo mismo haría David Ferrer con Holger Rune.

Un ejercicio imposible, claro está, pero puede que esclarecedor a la hora de comprender un poco mejor el tenis actual y esas derrotas inesperadas y poco deseables por el bien de nuestro deporte en las rondas iniciales de los grandes torneos.

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